ALFONSO GONZALEZ-CALERO
TOLEDO.- Más de 270.000 volúmenes, muchos de ellos valiosos por su antigüedad, se guardan en la tercera planta del Alcázar de Toledo, en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, inaugurada ayer por el presidente de dicha comunidad, José Bono; por los ex presidentes del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González, y por el director de la Real Academia de la Lengua, Fernando Lázaro Carreter.
Esta biblioteca es una de las más importantes del país e incluye entre sus fondos las colecciones recopiladas por los arzobispos Borbón y Lorenzana en el siglo XVIII, así como numerosos incunables y más de 150.000 obras modernas.
La Biblioteca de Castilla-La Mancha cuenta con cerca de 400 puestos de lectura, organizados en una sala general, con capacidad para más de 50.000 libros en acceso directo a los usuarios; una hemeroteca, y una mediateca con puesto de audio, de vídeos y de ordenadores con acceso a Internet y otras bases de datos bibliográficas e informativas, etc.
También tiene préstamos de libros, una sala infantil y otra juvenil, una sala llamada Castilla-La Mancha, donde se recoge todo lo editado en, o sobre, esta comunidad; y el fondo donado por Javier Malagón Barceló, que recoge lo mejor de la obra de los españoles exiliados en Iberoamérica en los años posteriores a la Guerra Civil.
Obras destacadas
Pero lo más destacado de la Biblioteca es la Sala Borbón-Lorenzana, donde se conservan 379 incunables y más de 100.000 libros editados entre los siglos XVI y XIX, que fueron recopilados por estos dos cardenales del XVIII y continuados después con fondos eclesiásticos y de conventos procedentes de las desamortizaciones del siglo XIX.
La ubicación de la biblioteca ha sido objeto de una viva polémica desde que se presentó el proyecto. El debate surgió tras la decisión del antiguo ministro de Defensa, Narcís Serra, de ceder una parte del Alcázar de Toledo a la Junta de Castilla-La Mancha para el centro de lectura. Entonces, salió a la luz la resistencia de ciertos sectores militares y civiles de la ciudad, que no querían que convivieran en este antiguo palacio un centro cultural y el Museo del Asedio.
El presidente de la Real Academia de la Lengua, Lázaro Carreter, dijo ayer que «Toledo cuenta desde hoy más en el mundo de los libros», y recordó algunos hitos «de una historia de amor entre esta ciudad y la literatura», deteniéndose en los nombres y en las obras del toledano Fernando de Rojas -el autor de La Celestina-, de Cervantes, de Lope de Vega, de Garcilaso -también toledano-, así como El Greco, quien atesoró una importante cantidad de libros.
Lázaro Carreter resaltó el valor simbólico del Alcázar y se felicitó de que en él se albergaran estas espléndidas colecciones, con unas instalaciones absolutamente modernas, pensadas para el siglo XXI.
El presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, criticó a todos aquellos que se habían opuesto, activa o pasivamente, a que en este edificio -«que no es símbolo de ningún régimen, sino más bien el recuerdo del dolor de España», dijo- convivieran las armas y las letras, y se felicitó de que no hubiera triunfado esa postura.
En otro momento de su intervención, Bono afirmó: «Hemos entrado al Alcázar, pero no para colocar banderas en sus torres, sino para llenarlas de libros; para despegar afanes de conocimiento y de comunicación que nos ayuden a pensar y a vivir».
Lectores sobre tumbas de héroes
Las obras de la biblioteca de Toledo han tenido un coste total superior a 1.100 millones de pesetas, de los que más de 750 han sido dedicados a la obra civil, y el resto para equipamiento, mobiliario y útiles informáticos y audiovisuales. El primer anuncio de la cesión del edificio por parte del Ministerio de Defensa a la Junta de Castilla-La Mancha se produjo en 1986, aunque el primer acuerdo concreto no se materializó hasta cuatro años después, en julio de 1990. Las obras comenzaron de modo efectivo en febrero de 1995 y han culminado ahora, tres años y medio después. Entre tanto, en Toledo ha habido polémicas para todos los gustos, desde quienes afirmaban que no consentirían que los lectores bailaran «sobre las tumbas de los muertos en la heroica defensa del Alcázar», hasta la postura que han mantenido escritores, profesores e intelectuales, quienes han defendido siempre la necesidad de una biblioteca moderna, capaz de atender las necesidades de lectura de una ciudad de más de 65.000 habitantes, como es Toledo.