Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico


Carmen Posadas: «Soy el anticliché de una escritora»

Dedicará el dinero del Planeta a viajar

PILAR MAURELL

BARCELONA.- «Estaba pesadísima, lo reconozco, hecha un plomo, no dormía, todo el día quejándome...». Carmen Posadas trabajó en Pequeñas infamias durante dos años y sólo tuvo una crisis, que solucionó a lo místico con Santa Teresa de Jesús. «Una casualidad más», cuenta. Reconoce que fue su marido, Mariano Rubio, quien sufrió las consecuencias de su vena literaria y que por eso le dedicará el libro.

Y si Mendiluce entregó el premio a una fundación ecologista, Posadas la dedicará a la familia: «Me pienso dar unas vacaciones, porque tengo la cabeza que me echa humo». «Aprovecharé el premio para hacer un viaje con mis hijas y mi marido», asegura.

La escritora se encargó de aclarar una vez más que su aspecto no tiene nada que ver con su literatura. Reconoció que su imagen, en ocasiones frívola y «muy útil para vender colonias o para tener una boutique en la calle Serrano», le ha «restado credibilidad». «Probablemente, soy el anticliché de una escritora», bromeó, «pero las cosas son como son, creo que los escritores estamos pasando una reválida constantemente y yo pienso pasar muchas más».

Posadas ayer no había dormido mucho, pero, lejos de quejarse, iba recalando en las butacas, atendiendo a los periodistas. Mendiluce estaba más serio y combatía la resaca -de éxito- haciendo millas por el pasillo del hotel, cabizbajo. «Soy muy tímido», se excusó.

Sólo se sentaba unos minutos para charlar sobre su primera novela, Pura vida. «Nunca es tarde si la dicha es buena», recordaba Mendiluce, mientras reivindicaba un sueño: «Siempre había soñado con escribir una novela». Para el eurodiputado y novelista, «escribir es una forma de descargar ideas, emoción, y de comunicarse». Una teoría que debió de gustar al jurado del Planeta, que lo hizo finalista.

Infamias pasadas

A las 11.00 horas de la mañana de ayer, la ganadora y el finalista del Premio Planeta cataban ya lo que será a partir de ahora su día a día: irán juntos a todas partes, para promocionar los libros.

Poco después, Posadas ya había puesto la directa y comentaba su novela. «Todos los personajes han cometido en su vida alguna pequeña infamia; uno, adulterio; otro tiene tendencias homosexuales que no quiere reconocerse ni a sí mismo; otro ayudó en un momento dado a la dictadura argentina, a los militares, y la cuarta se siente responsable de la muerte de su hermano», explica Posadas de carrerilla.

«Hay cuatro sospechosos y un muerto», resume. En eso le supera Mendiluce: «Te gano por dos», bromea. Y es que el eurodiputado se ha lanzado a una primera novela de escenario cruel, «es un libro bastante bestia, en lugares donde no hay reglas».

Carmen Posadas sonríe a espuertas -nobleza obliga- y a ratos agarra el móvil, hace una pequeña llamada -«Dígale al señor que me llame»-, se calma y se sienta. «Bueno, ya». Cerca, alguien aprovecha la comodidad del mobiliario del hotel para echar una cabezadita. Hacia las 12.00 horas, el café se consume por litros más que por tazas.

Posadas, ajena a lo que ocurre alrededor, sigue: «La teoría de la historia es que cuando uno ha cometido una pequeña infamia en la vida, tarde o temprano se ve obligado a cometer una gran infamia para taparla, como puede ser un asesinato», y eso es lo que les ocurre a los protagonistas de su novela.

Sin referentes

Personajes que pertenecen a distintos ambientes sociales. En Cinco moscas azules, la escritora se centró en la alta burguesía madrileña. En este libro «hay personajes tan dispares como un emigrante checo, una chica que vive de okupa en una buhardilla... y otros que sí son de la burguesía».

Unos personajes que no tienen referentes reales, según asegura por enésima vez Posadas. «No hay que interpretar el libro en clave», reitera. «Sólo yo conozco las claves y no creo que nadie vaya a descubrirlas», asiente burlona.

Durante la noche del fallo del Planeta, Posadas contó el argumento del libro, y algunos creyeron ver en él un guiño a Agatha Christie. Pero resulta que la inspiración llegó de Dickens. «Me gustaría que se pareciera más a Dickens, cada capítulo acaba en alto para que tengas que seguir y seguir», dice, y añade: «Creo que Christie es una gran escritora, pero sus libros tienen una fórmula simple. Arma una trama y siempre hay un listo que la soluciona. Aquí no hay listo, es el lector quien debe hacer de detective».