MILAGROS MARTIN-LUNAS
Enviada especial
LANZAROTE.- Con la resaca de felicidad que conlleva el deber cumplido, Antonio Betancor (Tenerife, 1942) regresa al cine tras 15 años de ausencia. Un sueño ha sido el culpable: el de un grupo de canarios que desde hace ocho años buscaban la manera de convertir Mararía, la mítica novela de Rafael Arozarena, en una película. Mararía es una realidad y tuvo un estreno muy especial. Por primera vez, los Jameos del Agua, el espacio creado en Lanzarote por César Manrique, se convirtió en una inesperada sala de cine para asistir al nacimiento de esta película. El largometraje está protagonizada por Carmelo Gómez, Goya Toledo, Ian Glen y Mirtha Ibarra, y se estrenará el próximo 30 de octubre en las salas comerciales.
«Reconozco que sólo yo soy el culpable de esta separación con el cine. Tengo poca ambición y lo que me han ofrecido estos años no me convenía», señaló el director de Valentina (1982) y Crónica del alba (1983).
Pero Antonio Betancor no se pudo negar cuando Andrés Santana le invitó a rodar en Lanzarote, con un presupuesto de 400 millones de pesetas, una historia que transcurre en una isla de lava, en un paisaje desolado donde sólo se siente el incesante viento, donde su volcanes esconden los secretos más insopechados: el amor, la muerte, los celos y la pasión contenida.
Dos hombres
Mararía es una joven isleña, atractiva y sensual, que jamás ha salido del pueblo y sueña con el día en el que un hombre la lleve «a la isla grande, o más lejos». En su vida se cruzarán dos hombres. Fermín, un médico sobrio y austero al que la fuerza de la isla y los sueños de la joven le harán perder la cabeza, y Bertrand, un investigador inglés. «Mararía es una chica muy especial, es Lanzarote, es la mujer isla. Todo lo que viene de fuera la puede transformar y ella cambia a todos con su belleza», explica Betancor.
El director canario ha alterado el final de la historia original y sobre todo su estructura. «La esencia de la novela está en la película aunque hayamos creado unos personajes y cambiado otros. Una adaptación siempre es complicada y ésta era muy difícil, porque la novela tiene una poética y un lenguaje muy complicados de llevar al cine. Esta llena de flashback y lo primero que hicimos fue crear una historia lineal», matiza el director y responsable del guión.
Si encontrar la cara de Mararía costó más de seis meses, el resto del reparto estuvo claro desde el principio. Carmelo Gómez llegó a través de la productora; desde el principio se pensó en Mirtha Ibarra para interpretar a doña Herminia, una santera que ejerce de madre de Mararía y en José Manuel Cervino, que olvida sus personajes de «malo» para convertirse en Marcial, como él dice «la otra cara de la isla, la parte torpe y lista que no quiere salir, que se une a las cosas que más importan».