ANTONIO FELIX
MADRID.- Los jugadores vuelven a sentirse engañados. Tras 14 meses de buenas palabras y palmadas en la espalda, los avances que habían logrado para limitar el número de extranjeros se han quedado reducidos a nada. En el momento de la verdad, la presión de los poderosos clubes ha surtido efecto, y tanto Federación (RFEF) como Consejo de deportes (CSD) han tenido que acceder a sus condiciones. Pero la Asociación de futbolistas (AFE) no se va a quedar con los brazos cruzados. De momento, esperará los próximos movimientos de los que, hasta ahora, creía sus aliados. Si comprueba que el engaño que sospechan es real, utilizarán el elemento disuasivo más importante a su alcance: la huelga.
A la basura.- La película de un año de trabajo tirado a la basura arranca el 27 de agosto de 1997. Entonces, la Liga de Fútbol Profesional (LFP, los clubes), la Federación, el CSD y los jugadores firmaron un documento por el que se desconvocaba una huelga de futbolistas a cambio de crear una mesa de trabajo para debatir el problema del excesivo número de extranjeros en la competición española. «El cambio que hubo es que nos sentimos, por primera vez, con voz y voto para tratar un problema que nos atañía», afirmó ayer el presidente de la AFE, Gerardo González Movilla.
Después, se celebraron tres reuniones. Se llegó a un principio de acuerdo: reducir a tres licencias (para extranjeros) por club en Primera División, y una en Segunda, a partir del año 2000.
Todo mentira. En la reunión de ayer entre todos los protagonistas en la sede de la Federación, los clubes (los que ponen el dinero) volvieron a alzar la voz, y la Federación (principal destinatario de ese dinero) accedió a sus pretensiones. El CSD, que se presentaba como testigo presidencial en todas las negociaciones, calló.
Conclusión.- La conclusión final de la reunión de ayer es que todo quedará igual, en cuanto a número de extranjeros, hasta el año 2000 (si los futbolistas no se rebelan antes). Hasta entonces se establecerá un calendario para negociar los posibles cambios al convenio que firmaron en 1996 Federación y clubes (donde se admitían 6 foráneos y cuatro en juego por equipo). Pero se revisará el trato en su totalidad, por lo que los jugadores quedarán apartados de esa negociación, excepto en el punto de los extranjeros.
La evolución de los protagonistas del conflicto ha sido curiosa. Especialmente la de la Federación. La RFEF sólo aportó ayer buenas palabras («Vamos de la mano con los jugadores porque tenemos intereses comunes, especialmente la selección», Gerardo González Otero, secretario general de la RFEF). Sus actos, sin embargo, indicaron que apoyaron el status quo en cuanto a los extranjeros hasta el 2000.
Incluso González Otero, el hombre que prendió la mecha del conflicto, tuvo ayer que mirar hacia otro lado y admitir el discurso del presidente de la Federación, Angel María Villar: «La RFEF se muestra de acuerdo con la vigencia del actual convenio hasta el año 2000».
Así las cosas, el enfado de los jugadores era evidente. «La mesa de negociación ha quedado condicionada al convenio entre la Federación y los clubes. En ninguna de las tres reuniones anteriores se había planteado esa posibilidad. Es decepcionante pensar que 14 meses de trabajo no han servido para nada; nos sentimos engañados», comentó González Movilla.
El próximo día 21, Angel María Villar trasladará a la Junta directiva de la Federación la propuesta de los clubes. En fechas cercanas se conocerá también la postura oficial del CSD. Dependiendo de las decisiones que tomen estos estamentos, la AFE determinará su estrategia. «Tal vez a partir del 2000 nos neguemos a reconocer algunos contratos», contraatacó ayer González Movilla.
Más tarde, fuentes de la AFE confirmaban a este periódico: «Hace un año se desconvocó una huelga para arreglar una situación; si ahora nos vuelven a dejar sin voz en este problema, la única solución puede ser recurrir otra vez a la huelga».