RAFAEL JOSE ALVAREZ
¿Está loco? Ojalá. Edson Arantes do Nascimento, Pelé, anunció el otro día que quiere festejar su cumpleaños número 60 jugando un partido de fútbol. Eso ocurriría el 23 de octubre del año 2000, pero, como le pareció demasiado lejano, matizó que quizá adelante su sueño un año, cuando falte un par de meses para que se muera el siglo que alumbró a uno de los más grandes de la Historia del fútbol.
Pelé vino del pueblo, el barro y el hambre para hacer de este juego algo igualitario. Desde allí fue creciendo, limpiándose la miseria con el talento y asombrando a todos. Primero a Brasil y luego al planeta. Con 16 años se estrenó en un Mundial y ya no dejó de inventar un fútbol propio e imposible hasta que se retiró a mediados de la década de los 70.
Fue el único mito que no jugó en Europa y sólo salió de su Santos brasileño para probar dólares en el Cosmos neoyorquino. Allí dejó el fútbol en pantalón corto y comenzó su otra carrera de dineros, empresas, publicidades y políticas. En ese campo, Pelé no ha aportado nada al mundo, si acaso un amago de revolución para acabar con las corrupciones del deporte brasileño.
De las favelas infantiles ya no queda nada en el ricachón que anuncia tarjetas de crédito o maquinillas de afeitar. Este Pelé es uno más, un capitalista con denominación de origen, un hombre solo con mucha pasta y poco ingenio.
Por eso, la bravuconada del otro día es un alivio. Jugar al fútbol con 60 años -o 59- parece cosa de abuelo y nieto en el parque, pero si viene de Pelé hay que pararse a imaginar.
Habrá mucho dinero alrededor del partido, cientos de anunciantes antes y después, bolsas millonarias para atraer futbolistas punteros y derechos televisivos por las nubes. Ese es el negocio. Pero si el deseo del brasileño se cumple caerán unos minutos de magia para todos -siempre que no den el partido codificado-, unos ratos de fútbol como el de antes, el que no necesitaba entrenadores.
Ese Pelé será un recuerdo con kilos y canas de aquel Pelé asombroso. Sus compañeros de fiesta le pasarán el balón y sus rivales le dejarán espacios. Jugará mejor que muchos jóvenes atletas de ahora, todo pundonor y carreras. A lo mejor hasta mete un gol, aunque eso dará igual porque en las buenas locuras el resultado es lo de menos.