FRANCISCO FRECHOSO
MADRID.- El sector renovador de la Federación Socialista Madrileña (FSM) que lidera Joaquín Leguina, y en el cual se encuadra el secretario general, Jaime Lissavetzky, difundió la semana pasada entre dirigentes de las agrupaciones locales un durísimo documento de respuesta al texto elaborado por los borrellistas, de cuyo contenido informó ayer este diario.
En su réplica, titulada Nada entre dos platos (Crítica a un manifiesto), el sector oficialista de la federación acusa a los seguidores del candidato socialista de reclamar «toda la legitimidad para el soviet [aparato de control de los partidos comunistas], constituido por ellos mismos», a la vez que pretenden «deslegitimar» a los dirigentes «elegidos en los Congresos».
Esta voluntad deslegitimadora, se argumenta en la réplica, es la que lleva a los borrellistas a «idealizar acríticamente las primarias como ungüento amarillo que todo lo cura». Sobre el contenido global del escrito opinan que es «un revoltijo de intenciones», lleno de «pura y vacía retórica», «demagógico» y «confuso».
El debate que se ha abierto sobre el papel que deben jugar Almunia y Borrell en la nueva situación de bicefalia está, por tanto, plenamente vigente, al contrario de lo que afirmaron ayer algunos de los protagonistas del mismo. De hecho, el documento leguinista, que se redactó hace una semana, aún no ha llegado a algunos locales del partido.
Lo viejo y lo nuevo
La réplica, a cuyo contenido tuvo acceso este diario, responde a las principales acusaciones que se vierten en el texto Por un partido socialista abierto. Así, sobre el «motejado aparato maligno y destructor», que, según los borrellistas, «no ha entendido que, para que nazca lo nuevo, lo viejo tiene que morir», se afirma: «Lo nuevo lo representan, naturalmente, los redactores y lo viejo aquéllos que se resisten a comulgar con sus naderías. Fácil manera de descalificar al prójimo vistiéndose con los oropeles de lo nuevo. Pero nuevos en esta plaza hay pocos, y menos aún algunos de los redactores». También se lamenta que no dediquen «ni dos segundos de reflexión» al hecho de que «quienes se han subido al carro de las primarias, acudiendo valerosamente en ayuda del vencedor Borrell, sean, entre otros, los que durante años ocuparon, ellos sí, muchos cargos de dirección con espíritu de aparatchik».
Los autores del contradocumento se detienen especialmente en el punto en el que los seguidores del candidato destacan el valor de las elecciones primarias. Convertir éstas «en un fetiche inatacable», dicen, es el peor favor que puede hacerse a su necesaria mejora».
En este punto preguntan: «¿Con qué sistema electoral han sido elegidos los componentes de las distintas oficinas, gabinetes o comités surgidos al socaire de las diversas primarias?». Y se reponden: «Digámoslo claro: la cooptación, la designación, el dedo», «un dedo», añaden, «que ha favorecido a los redactores del manifiesto». Sobre éstos se concluye: «Pretenden izar un salvador banderín de enganche que elimine a todos los demás. En realidad se trata de una ventanilla, que se pretende única y está destinada a convertirse en una ventanilla más. Una desgracia. Lo dicho: nada entre dos platos».
Acusaciones contra Mendiluce, Ramos y Balbás
El documento leguinista no sólo incluye una crítica sobre el contenido del texto borrellista, sino también acusaciones personales contra alguno de sus redactores y otros cargos del partido.
Aunque no se cita su nombre, el ex secretario de Estado de Administraciones Públicas, Francisco Ramos, que fue representante legal de Borrell durante la campaña de las primarias, es uno de los aludidos.
A él se refieren cuando afirman que hay autores del texto borrellista que «han tenido en el pasado ocasiones sobradas para realizar sus ideas en el Gobierno, aunque algunas demostraron ser magníficas ocasiones perdidas. ¡Ay aquella reforma de la Función Pública de 1983!», se apostilla.
A otro destacado borrellista, el eurodiputado José María Mendiluce, se le dedica, aunque tampoco se le cita por su nombre, casi una página del documento. «No es de recibo», se lee, «colocarse por encima de la política para desde allí señalar los problemas y las catástrofes (Bosnia, Ruanda, la droga, el racismo, la pobreza, etc.) y con buena conciencia denigrar a los políticos, así genérica y demagógicamente, sin matices, porque son unos miserables y no quieren solucionar los males de este mundo».
«Aunque parezca increíble», se aclara, «esto es lo que viene haciendo alguno de los más conspicuos representantes de eso nuevo que quiere enterrar a lo viejo dentro del PSOE». Se trata, precisan aún más los redactores, «de uno de los designados para ocuparse en uno de los nuevos gabinetes de apoyo».
A renglón seguido se recogen varias frases del último libro publicado por quien el jueves se convirtió en finalista del Premio Nadal, donde se descalifica a los partidos y a sus dirigentes y se apuesta por «líderes creativos capaces de conseguir imposibles necesarios».
Los autores del documento leguinista concluyen: «Es posible que los partidos, como algunas fincas rústicas, sean manifiestamente mejorables, pero no tanto como para pensar que necesitan de unos salvadores dispuestos al desembarco en ninguna playa de Normandía».
Y, finalmente, se alude a José Luis Balbás, cabeza visible del grupo denominado Renovadores de la Base, a quien Leguina culpó de su derrota en las primarias para el Ayuntamiento de Madrid.
Se afirma textulamente que este colectivo es «una secta cuyos intereses o impulsos están por desvelar». Además se cita una frase del documento borrellista, aquella en la que se propone «un talante y un estilo de hacer política que permita superar los vicios del pasado y ganar el futuro». Los redactores de Nada entre dos platos se preguntan sarcásticos: «¿Quizás el talante y el estilo de Balbás?».