M. RAMIREZ
Contesta despacio, de forma muy breve, midiendo cada palabra y mostrándose prudente y conciliador. Garaikoetxea, curtido en numerosas campañas, aguanta en la mañana de la entrevista, sin descomponer apenas el gesto, la sobredosis de actos y de declaraciones a los que le obliga su candidatura a lehendakari.
-El PNV ha dicho que hay que separar proceso de paz de negociación política...
-Eso es un juego de palabras originado por el Gobierno central y que ha secundado el PNV, seguramente porque sus acuerdos con Madrid siguen funcionando. Creo que es perderse en las palabras. Un proceso de esta naturaleza tiene sus connotaciones políticas y todo, absolutamente todo, incluido un giro en la política penitenciaria, es una decisión política.
-¿Por qué cree que el PSOE está llevando a cabo un discurso en defensa de la unidad de España más virulento que el del PP?
-Porque el PSOE tiene la costumbre de competir en cuestiones que pueden dar réditos electorales a lo largo y ancho de España.
-¿Por qué rechaza EA la vía de la Disposición Adicional Primera para conseguir el reconocimiento de la autodeterminación?
-Porque la Constitución hizo ahí una segunda edición de lo que en su día inventó Espartero, cuando empleó aquella frase de doble y de contradictoria interpretación, al decir que se respetaban los fueros o los derechos históricos sin perjuicio de la unidad constitucional. Y como ya sabemos que, cuando las formulaciones son contradictorias, la peor parte se la lleva el débil, por pura lógica somos reticentes. Creemos que la reforma constitucional es imprescindible, porque lo otro responde a una auténtica virguería interpretativa, demasiado sometida a algo muy peligroso: la voluntad política.
-¿Votar PNV es votar por la independencia del País Vasco, como dice Iturgaiz?
-Iturgaiz le está haciendo la mejor campaña que jamás hubiera soñado el PNV, atribuyéndole una firmeza nacionalista que está en total contradicción con su práctica política.
-¿Y el tren de Lizarra acabará en la independencia, como proclama Euskal Herritarrok?
-Tendrá que terminar donde lo determine la voluntad de la mayoría de los vascos, como ha sido siempre nuestra postura.
-¿Bastaría la mayoría absoluta o habría que colocar el umbral en una mayoría cualificada, de dos tercios, por ejemplo, para iniciar un proceso de segregación?
-Cuando el consenso es imposible, no hay más regla democrática que la de la mayoría. En Quebec o en otros sitios no se han planteado mayorías cualificadas, porque, por muy deseables que sean, lo que es impresentable es que una minoría, aunque sea raspada, contenga a una mayoría, aunque no sea cualificada.
-Pero si nos moviéramos en márgenes muy estrechos, 51% a favor y 49% en contra, ¿tendríamos el País Vasco dividido en dos partes casi iguales?
-Sí, pero, puestos a poner ejemplos tan extremos, ¿qué es más lógico, que el 49% fraccione al 51% o el 51% al 49%? En todo caso, no hay por qué plantearlo en plan de rompe y rasga. Un acuerdo político que luego permita un desarrollo sereno en la propia legislación y en el ejercicio eventual de ese derecho [el de autodeterminación], puede llevar las cosas por derroteros mucho menos dramáticos, de manera que esa voluntad puede verificarse en el tiempo, estableciendo calendarios para que los ánimos se vayan aclimatando a las nuevas perspectivas. En una sociedad con solera democrática todo eso se puede hablar y tratar con serenidad.
-¿Hay que empezar ya a hablar de indultos o antes se han de dar otras circunstancias?
-El respeto que merecen aquéllos que aún tienen heridas sangrantes nos debe obligar a ser muy cautos, pero qué duda cabe de que la paz en Euskadi exigirá, por definición, que exista un clima de reconciliación, y éste con gentes entre rejas no es fácilmente imaginable.
-¿Los indultos deben ser para todos, incluidos los condenados por los crímenes cometidos por los GAL?
-Aquí incurrimos en una paradoja, porque dar un indulto a quien no ha reconocido los hechos que se le pretenden indultar es como una especie de contradicción in terminis. Para empezar, tendrían que reconocer que han existido, y, luego, si un esfuerzo de la sociedad por olvidar el pasado y hacer un futuro feliz lo exigiese, ¿por qué no pensar en ello?
-¿No corren el riesgo de ser engullidos electoralmente al estar en el centro del PNV y EH?
-In medio virtus. Pero sucede una gran paradoja. Resulta que los que estaban en los otros extremos van a resultar beneficiados por la opinión pública, por el hecho de que están asumiendo nuestras propuestas de siempre; cuando lo lógico es que sucediera lo contrario, que los ciudadanos apreciaran cómo nosotros dimos con el camino al que se acercan los demás.
-¿Qué ocurrirá si su espacio electoral mengua en estas elecciones, como pronostican algunas encuestas?
-Nuestro espacio político, socialdemócrata y nacionalista, es muy claro porque ha soportado la prueba de la supervivencia en condiciones muy difíciles, mientras que otros proyectos se han hundido. Somos un milagro por el hecho de competir con siglas históricas y partidos que usan y abusan del poder, siendo incluso claves para la gobernación de este país, lo que demuestra nuestra consolidación.
-¿Cómo interpreta las declaraciones de Joaquín Almunia defendiendo la reedición del tripartito «para evitar una fractura social»?
-Pues que aquí hay mucho partido en el que se reparten los papeles, como en los orfeones, y a los que habría que pedir que expliquen cuál va a ser su discurso.