Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico

Algunos unionistas estiman que el codiciado galardón es «prematuro» - Ambos políticos reconocen que es un reconocimiento al pueblo irlandés - El jefe del Sinn Fein, Gerry Adams, el gran olvidado

Hume y Trimble reciben el Nobel de la Paz por su contribución a un acuerdo en el Ulster


CRISTINA FRADE

Enviada especial

BELFAST.- Esta vez no fallaron los pronósticos. El premio Nobel de la Paz recayó ayer en dos políticos con objetivos antaño irreconciliables, John Hume y David Trimble, como recompensa al esfuerzo y coraje que demostraron para alcanzar un acuerdo en Irlanda del Norte.

Ni uno ni otro se permitió el lujo de saborear en exceso las mieles de la gloria, presente en su memoria el recuerdo de otro reciente galardón del Comité de Oslo, el que compartieron en 1994 otros dos acérrimos enemigos, Isaac Shamir y Yasir Arafat.

Hume, el líder nacionalista moderado que durante años trabajó incansablemente entre bastidores para poner fin al sangriento conflicto del Ulster, recibió la noticia en su Derry natal y la interpretó como «una recompensa a todo el pueblo de Irlanda del Norte» y «una muestra del respaldo internacional al acuerdo alcanzado en abril de este año».

El unionista Trimble, ministro principal de la provincia, se encontraba en Denver (Colorado) en una visita para atraer inversores y se mostró mucho más cauto. «La paz no está asegurada todavía. Espero que no resulte ser prematuro».

Trimble se refería así al decomiso de armas de los grupos paramilitares, uno de los puntos del histórico pacto de Stormont que todavía dista mucho de haberse materializado, que impide el avance de otros aspectos como la constitución de un órgano ejecutivo y que, en última instancia, amenaza, como lo hizo durante las negociaciones, con dar al traste con todos los esfuerzos.

La decisión del Comité Nobel dejó al margen a muchos de los protagonistas del tortuoso proceso como los primeros ministros del Reino Unido e Irlanda, Tony Blair y Bertie Ahern, el presidente de las negociaciones, el norteamericano George Mitchell, o la ministra británica para Irlanda del Norte, Mo Mowlam. Pero especialmente significativa resultó la ausencia de una mención al republicano Gerry Adams, presidente del brazo político del IRA, el Sinn Fein, sin el cual la paz habría sido decididamente una quimera.

Probablemente, la razón no estriba tan sólo en la vinculación de Adams con un grupo armado que tiene crímenes atroces a sus espaldas, sino también con el deseo de no crispar más los ánimos de un sector de la población norirlandesa, el unionista, que ha aceptado a regañadientes el compromiso con los nacionalistas y republicanos.

Lluvia de felicitaciones

Mientras llovían las felicitaciones de todas partes del mundo, esa crispación se apreció claramente en la reacción de líderes como el radical Ian Paisley o su número dos Peter Robinson: «Hoy hemos Visto un ejemplo claro de las recompensas ofrecidas a quienes están dispuestos a renunciar a sus principios y a recompensar a los terroristas. La entrega de un premio Nobel de la Paz a quienes han alcanzado un acuerdo para satisfacer a los viles asesinos del IRA demuestra a donde ha llegado la política en Irlanda del Norte».

Incluso uno de los compañeros de filas de Trimble, y no precisamente uno de los más críticos, Ken Maginnis, se mostró molesto por el galardón otorgado a su líder: «No estoy seguro de que este sea el momento más adecuado. Podría ser una distracción y un motivo de bochorno».

Parecía claro que Maginnis pensaba en el efecto que el premio causaría entre los unionistas disidentes. Tan duras fueron algunas críticas que el director del Instituto Nobel en Oslo, Geir Lundestad, se sintió en la obligación de defender su decisión y dijo que no esperaba que el galardón fuera una «varita mágica» para resolver los conflictos internacionales.

Pero resultaba difícil olvidar el caso del ex primer ministro israelí Isaac Rabin y el presidente de la OLP, Yasir Arafat, cuando las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos llevan estancadas 19 meses.


El Comité explica su decisión

El comité del Premio Nobel explicó la concesión del galardón a John Hume y David Trimble, afirmando del primero de ellos que «ha sido el más claro exponente de los líderes de Irlanda del Norte en su esfuerzo por lograr la paz. Los fundamentos del acuerdo del Viernes Santo reflejan los principios que él perseguía». De Trimble, aseguró que «en el momento crítico, apostó por soluciones de paz y, como jefe del Gobierno de norirlandés, dio los pasos para cimentar la confianza mutua en la que ésta debe apoyarse». El comité expresó su deseo de que este ejemplo inspire la solución de otros conflictos.