CRISTINA FRADE
Enviada especial
BELFAST.- John Hume procuró ayer que el Premio Nobel no le distrajera de sus compromisos. En todos los foros, su mensaje es siempre el de la reconciliación, aún a riesgo de parecer repetitivo, como reconoce él mismo. Asegura que no cambiará de discurso hasta que de verdad le escuchen.
-¿Se ha tomado este galardón como un triunfo personal o también con algo de escepticismo?
-Uno no entra en política para obtener una recompensa personal y no me cansaré de decir que no considero el premio como algo mío sino del pueblo norirlandés, como un refrendo del acuerdo de paz y de la labor de todos los que lo han hecho posible.
-Algunos unionistas temen que sea prematuro, cuando todavía quedan escollos como el decomiso de armas. ¿Cómo puede resolverse ese conflicto?
-Es una distracción del fondo real del problema. El objetivo final del acuerdo es el fin de la violencia y el desarme total en paralelo. La mayoría de los grandes partidos políticos de Irlanda, tanto del norte como del sur, han nacido de la mano de las armas y nunca las han entregado. Al incorporarse al proceso democrático, nadie les preguntó dónde estaban sus arsenales, pero desaparecieron.
-En aras de la paz, ¿ha enterrado su sueño de una Irlanda unida?
-Lo importante no es una Irlanda unida, sino una Irlanda nueva, una nueva sociedad basada en el respeto y el acuerdo, en la que trabajemos juntos en todos los aspectos, no sólo el político.
-En España, muchos estudian el modelo irlandés en busca de pautas para resolver el conflicto del País Vasco. ¿Pueden extraerse lecciones de su experiencia?
-Nuestra disputa es bastante similar a la de los vascos. Las lecciones que se pueden extraer son muy claras: son las personas las que están divididas, no los territorios y, el acuerdo es lo único que puede solucionarlo. Los pueblos deben aceptar que las diferencias son un accidente determinado por el lugar de nacimiento y no constituyen una amenaza. La lección es crear instituciones que respeten las diferencias y permitan a la gente trabajar por el bien común.
-Usted habla a menudo del importante papel de Europa en el proceso norirlandés, ¿puede tenerlo también en procesos como el vasco?
-Yo creo que sí puede desempeñar un papel porque al igual que la ciudad-Estado dio paso a la nación-Estado, en este mundo posnacionalista la Europa de naciones está dando paso a una Europa de las regiones, donde el poder esté lo más cerca posible de los pueblos.