C.F.
Enviada especial
BELFAST.- Cualquiera que sea su destino a partir de ahora, David Trimble será recordado como el primer unionista que dijo sí a compartir el poder en Irlanda del Norte.
No es un mérito desdeñable para el líder de un movimiento, el unionista, caracterizado tradicionalmente por lemas como «No surrender» (No nos rendiremos) o «Not an inch» (algo así como «No cederemos ni un centímetro»). Sin embargo, el galardón al actual ministro principal de la provincia, que anteayer cumplió 58 años, puede interpretarse más como un espaldarazo ante el futuro que como un reconocimiento a su labor pasada.
Trimble sólo tuvo un papel determinante en el proceso de paz cuando éste estaba ya relativamente avanzado. A finales de los años 60, mientras nacía el Movimiento de Derechos Civiles y estallaban los disturbios callejeros, él estudiaba leyes en la Queen's University de Belfast, donde luego fue catedrático.
Y a escala internacional fue prácticamente un desconocido hasta 1995, cuando se aupó, contra pronóstico, hasta el liderazgo del Partido Unionista del Ulster (UUP). Entonces, su reputación no era siquiera la de un moderado. En los años 70, este miembro de la Orden protestante de Orange, antiguo seguidor del radical Ian Paisley, había coqueteado con Vangard, una organización que precisamente se quejaba de que el UUP era demasiado blando.
En fecha tan reciente como 1994, Trimble proclamaba todavía que los Gobiernos de Londres y Dublín debían abandonar la estrategia de la zanahoria a favor de la del palo para resolver el conflicto del Ulster.
Sus no pocos detractores aseguran que su vanidad fue decisiva en el hecho de que suscribiera un acuerdo de paz criticado por muchos de sus compañeros de filas. Ya fuera por los halagos de Tony Blair y Bill Clinton, por un afán de paz o por la inevitabilidad de los acontecimientos, lo cierto es que ha invertido en el proceso todo su capital político.
Los días de poder y gloria de este político, casado en segundas nupcias con una ex alumna suya, pueden estar contados. Al frente del Gobierno autónomo, se enfrenta a una cuestión que hasta ahora ha sido tan intratable como el decomiso de armas paramilitares, que no ha hecho sino acrecentar el malestar y las divisiones internas del unionismo.