Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico


El hombre empeñado en el diálogo

John Hume, líder del Partido Social Demócrata Laborista

C.F.

Enviada especial

BELFAST.- Si John Hume hubiera hecho caso a su padre, es muy probable que hoy no existiera el Pacto de Stormont.

Cuando se escriba la Historia del proceso de paz en Irlanda del Norte, el nombre del líder del Partido Social Demócrata Laborista (SDLP), de 61 años de edad, figurará merecidamente en un lugar de honor entre los protagonistas.

Aunque su indesmayable tarea en favor de la paz se remonta a mucho antes, nadie arriesgó más que él para conseguir el alto el fuego del IRA de 1994 que abrió las puertas a un verdadero proceso de diálogo por primera vez en varias décadas.

Cuando sólo tenía 10 años, él y su padre se toparon con una manifestación en las calles de Derry. «Nunca te metas en política», le recomendó su progenitor, un tornero que entonces llevaba ya tiempo en el paro. «Las banderas no se comen», le aconsejó.

John Hume estudió en Saint Columb's College (la misma escuela católica a la que asistió, hace dos años, el laureado premio Nobel de Literatura Seamus Heaney) y en el seminario de Maynouth, antes de encontrar empleo como maestro. Pero pronto desobedeció el consejo de su progenitor y empezó a interesarse por los problemas de la comunidad católica de Derry.

Su curriculum vitae es impresionante: en 1968 formaba parte del Movimiento de Derechos Civiles, un año más tarde ganó un escaño en el viejo Parlamento de Stormont y al siguiente se convirtió en uno de los fundadores del SDLP.

También fue ministro en el efímero órgano ejecutivo establecido en 1974 con la intención de repartir el poder entre unionistas y nacionalistas.

En 1979 ganó su acta de eurodiputado y ascendió a jefe del partido. Cuatro años después consiguió un asiento en la Cámara de los Comunes. Pero su acción más decisiva fue quizá iniciar el diálogo con los republicanos del Sinn Fein ya a mediados de los años 80 y de nuevo en 1993, a pesar de las feroces críticas de los unionistas, las dudas de su propio partido y las trágicas interrupciones del alto el fuego.

Tildado a veces de santo y otras de ingenuo, traidor o cómplice del terrorismo, Hume nunca desistió de la idea de persuadir a los republicanos de que abandonaran las armas y emprendieran una senda pacífica y democrática. Ha pagado con su salud el denodado esfuerzo, y este verano sorprendió a todos al rechazar el cargo de viceprimer ministro en el incipiente Gobierno autónomo presidido por David Trimble.

Su tesón le había granjeado ya dos nominaciones al Nobel de la Paz. El premio obtenido ayer es también una recompensa a la lealtad y dedicación de su entrañable esposa, Pat, con quien tiene cinco hijos.