ION STEGMEIER
MADRID.- Hasta que le llamen de Argentina confirmando que su hijo ha cogido el avión, Marta Mora no cantará victoria. Joaquín Ramos, su hijo, y Luis Darío Ramos Salvetti llegan esta madrugada para cumplir 20 años de prisión en Soto del Real y Tenerife I, respectivamente. Los dos están condenados a cadena perpetua en Argentina. Allí, en la cárcel de Caseros, declarada «inhumana» por Amnistía Internacional y por American Watch, ya han cumplido casi 10, hasta que la Corte Suprema argentina -seis años después de solicitarlo- ha dado su visto bueno para que se cumpla el convenio bilateral con España y se traslade a Joaquín y a Luis Darío.
Ellos son los españoles de la Tablada, dos militantes de izquierda que participaron en 1989 en un suicida golpe anti golpe de Estado.
«Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria», proclama la Constitución de ese país en el artículo 21. Así lo pensaron Joaquín, Luis y los otros 40 miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP) que el 23 de enero de 1989, atacaron el Cuartel Militar General de la Tablada, en Buenos Aires.
El movimiento -no guerrillero- tenía la certeza de que los militares carapintadas iban a dar un golpe de estado e irrumpieron, en sus vehículos particulares y con armamento civil comprado en las tiendas, en el lugar donde creían que se estaba gestando.
La reacción militar fue espectacular. A pesar de que los atacantes se rindieron a las tres horas, 3.500 policías redujeron el cuartel a ruinas. Al mediodía del día 24 llegó el Ejército y siguió el fuego con blindados, tanques, morteros, helicópteros y bombas de fósforo, según recoge un informe de la Comisión Interamerica de Derechos Humanos (CIDH).
Resistieron 30 horas. Murieron 11 soldados y 29 miembros del MTP. Algunos, después de la rendición. Como Pablo Ramos Mora, hermano de Joaquín, que ilustró el suceso para la Historia en la instantánea que le tomaron con los brazos en alto. La foto que no se vio fue la de su cadáver con ocho disparos en el cuerpo y uno en la cabeza.
El informe de la CIDH probó ésta y otras tres ejecuciones extrasumariales y dio la razón, punto por punto, a los supervivientes de la Tablada en sus 12 denuncias contra el Estado argentino. En un informe del 22 de diciembre de 1997, «la Comisión concluye que el Estado argentino es responsable por las violaciones de los derechos humanos consagrados en los artículos de la Convención Americana como Derecho a la vida (...), a la integridad personal (...) y de recurrir un fallo condenatorio ante un juez o tribunal superior».
Larga odisea
Joaquín, de 29 años, y Luis Darío, 35, ambos con nacionalidades española y argentina, fueron condenados a cadena perpetua en un juicio militar sumario sin ninguna garantía procesal. Amnistía Internacional los considera presos de conciencia.
Mientras, sus familias desde España, con la ayuda del senador socialista Ignacio Díez, hacían gestiones para el traslado. En noviembre de 1993 el Gobierno español solicitó la aplicación del convenio bilateral con Argentina. El Ministerio de Justicia argentino accedió pero el fiscal Raúl Plee, «claramente progolpista», según Marta Mora, presentó un recurso que fue de instancia en instancia, demorando el proceso seis años, hasta que en enero de ese año la Corte Suprema se pronunció a favor del traslado.
«Las presiones del Congreso español y de los Gobiernos español, gallego y canario han sido decisivas», piensa Marta. En diciembre, la CIDH -cuyas decisiones son vinculantes para Argentina- dictaminó a favor del trasladado y sancionó por incumplimiento constitucional y por violación de derechos humanos al Gobierno argentino.
«La democracia existe en Argentina, pero bastante bastardeada», afirma Alejandra Puy, esposa de Joaquín. «Muchas injusticias, mucha desocupación, mucha pobreza», añade. Desde internet (www.t-d-h.org), Joaquín se lamenta de que la mayoría de los carapintadas estén hoy en libertad. Algunos, como Aldo Rico, ocupando cargos públicos.
Diez años sin ver el sol
«Joaquín no ha tenido contacto con el sol en 10 años. Tiene la piel verde y con hongos, sin vida», comenta su mujer, la argentina Alejandra Puy. Es lo típico, como la pérdida de visión o el debilitamiento de las encías. Joaquín y Luis Darío han permanecido en celdas de tres por tres metros y sin salir de la planta 18 en casi 10 años.
«Era una tumba en vida, sin condiciones higiénicas ni de seguridad», recuerda Marta. Durante este tiempo a Joaquín no le dejaron terminar sus estudios de Periodismo, pero no le pudieron impedir que se casara con Alejandra, con la que se reunía tres veces por semana. Ella es actriz, tiene 27 años y vive en Buenos Aires, aunque previsiblemente en diciembre se trasladará a Madrid.
«Una vez Joaquín tuvo apendicitis y en la prisión no quisieron atenderle hasta que al final le tuvieron que operar, pero ya era peritonitis», cuenta desde su último rodaje. «Han sido unos años en los que hemos estado muy angustiados», añade. A Luis Darío se le murió su padre, en Canarias, en junio del año pasado. Próximamente, Joaquín será operado de una hernia, algo que iba a hacer cuando la semana pasada le comunicaron el traslado.
Ahora, después de lo pasado, Alejandra reconoce que el asalto al cuartel fue un error pero entiende los motivos del MTP. «Era probable que hubiera golpe», argumenta. Ahí está la Historia: en los seis años anteriores a la Tablada hubo cuatro intentos.