ROSA M. TRISTAN
Arturo Marián Llanos, de 33 años, siempre fue un niño revoltoso. Allá en su casa de Moldavia (Rusia), donde nació y vivió hasta los 17 años, sus padres solían darle unos lápices para que se estuviera quieto. Muchos años después aún le siguen dando pinturas, pero ahora dentro de un taller en la cárcel de Soto del Real, donde está condenado a nueve años por tráfico de drogas. El resultado de su espectacular potencia expresiva está expuesto, desde ayer, en la sala Juana Mordó del Círculo de Bellas Artes. Arturo, tras dos años entre rejas, fue autorizado a salir para visitar esta selección de 26 de sus obras, a la que ha llamado Viento de lo Otro. «Es una frase de una escuela metafísica rusa de la que formo parte», explicaba por teléfono desde la prisión. Hijo de un periodista ruso, condecorado por el Gobierno húngaro, y de una exiliada asturiana, Arturo comenzó a estudiar dibujo a los 12 años. A los 15, unas pintadas antisoviéticas le llevaron a las garras del KGB, y para evitar males mayores se vino a España. Fue aquí donde acabó sus estudios en Bellas Artes (1990) y donde expuso sus primeras obras. En 1995 entró en el circuito de la Red de Arte Joven. «También he expuesto en La Guarida de los Tigres, un centro de arte alternativo, porque yo no creo en los galeristas y en sus intereses comerciales», nos asegura. Este reo-artista, al que dejan pintar cinco horas al día dentro de la cárcel, se define como un «partidario del caos, con varias personalidades».
La creatividad que le bulle en la cabeza se ha transformado en un estallido de colores en los dos años que lleva enjaulado: «He liberado el color, pero es fruto de mi humor negro y del surrealismo. En el fondo, mis últimas obras hablan de la caída del patriarcado». Poco a poco, con pinceles de tres pelos, el artista hippie va pergreñando cuadros, que tarda mes y medio en terminar. Ultimamente una marchante de arte se encarga de vendérselos y el dinero le sirve para sobrevivir en Soto del Real. Nuestra conversación termina con una petición, un exigente grito de protesta: «Liberalización de las drogas, ya. Así se acabarían la mafia y muchos problemas».