Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico

IMPRESIONES

Nobel: galardón, acicate... y un lamentable olvido


Por fortuna, Bill Clinton -decisivo muñidor del acuerdo del Viernes Santo en Irlanda del Norte-, remedió ayer parte de la injusticia inherente a la concesión del Premio Nobel de la Paz de este año, deshaciéndose en elogios hacia Gerry Adams. El dirigente del Sinn Fein -brazo político del IRA-, que acabó convenciendo al grupo terrorista para que depusiese las armas, ha sido sin duda tan importante en la puesta en marcha del proceso de pacificación como los dos galardonados ayer: el católico John Hume y el protestante David Trimble. Pero Adams no es todavía lo bastante políticamente correcto, dado su pasado de respaldo sin fisuras al IRA, y no lo es -sobre todo- ante Trimble y los protestantes. Por eso, quizá, el inescrutable comité de los premios decidió dejarlo sin recompensa, aunque en su comunicado menciona a «otros dirigentes de Irlanda del Norte». Adams, con buen estilo, ha felicitado a los premiados. Como él mismo y los dos ganadores resaltan, es tanto o más lo que queda por hacer que lo ya logrado, por lo que el Nobel debe considerarse ante todo como un acicate ante lo que se avecina, más que como un premio por haber roto al fin una espiral de decenios de brutal violencia interconfesional. En este sentido, es significativa la reticencia mostrada ayer por Trimble, acosado políticamente por el ala dura del unionismo. Teme que el premio sea prematuro y que aún puedan producirse retrocesos como el de la bomba de Omagh. Tiene razón. Pero ello no obsta para que el Nobel sea un reconocimiento de su decisiva contribución al proceso y de la coherente trayectoria de Hume, que lleva 30 años apostando por la reconciliación.