Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS

Vender el pasado


Hay un grupo musical barcelonés que ha entrado en esas campañas de la Pepsi que con 15 segundos y un chiste arrasan en las listas de ventas. El primero fue Undrop, que son del Hare Krisna. Este segundo se llama La Rabia del Milenio, que ya es llamarse, y sale en un anuncio muy gracioso que satiriza su nombre, su música y su todo. Luego, naturalmente, el todo va muchísimo mejor con Pepsi Cola. Y la canción que ya está burbujeando en las listas se llama Quiero vender mi pasado. A lo mejor les suena. Y si no, ya les sonará.

Lo que a mí me hace gracia de este grupo catalán es que tiene un cierto aire a los conjuntos barceloneses de los 60, que también cantaban en castellano, tenían unas letras muy simples y una música pegadiza que hacía estragos hasta en Almería. Como la moda da esas vueltas, la música de los 60 va vestida con moda de los 70, cuando Lluís Llach había acabado ya con Los Sirex, Los Mustang e incluso con Lone Star, que fue la maravilla póstuma de aquella música de barrio, de desmonte urbano, con una canción soberbia, emblemática dirían hoy: Mi calle. El cantante de Lone Star (que también hacía una versión fantástica de River Deep Mountain High), de Ike and Tina Turner, se llamaba Pedro. Pero el vocalista de La Rabia del Milenio recuerda más bien a Leslie, el de Los Sirex.

Alguna vez he pensado que la tragedia social, histórica y cultural de la izquierda catalana, que a la larga puede ser la de la nación española, tiene una clave musical. Porque la base social de esa izquierda, los interminables barrios de Santa Coloma, Hospitalet o Cornellá no podían identificarse con L'Estaca de Lluis Llach, ni con el Diguem no o Al vent de Raimon, ni siquiera con el Ara que tint vint ayns de Serrat. Allá donde la ciudad pierde su nombre -buen título de Candel cuando no se llamaba Françesc- se oía, se sentía casi a los Lone Star cuando cantaban: Mi calle tiene un oscuro bar;/húmedas paredes./Pero sé que alguna vez/cambiará mi suerte. Algo más que la estética de la Pijoaparte: el rock de la realidad. Demasiado, a veces, para la política.

Tiene gracia, triste gracia pero así son las cosas del pop, que cuando Pujol empieza a liquidar el pasado español de Cataluña nos llegue de Barcelona este título tan revelador. Se oye muy bien, con esa facilidad engañosa de la música de los 60 que sólo a base de talento conseguía la difícil sencillez, la imposible ingenuidad. Y supongo que a estos chicos con un nombre tan horroroso pero tan pegadizo -no salía uno así desde Héroes del Silencio- ni se les ha pasado por la cabeza que esa canción que venden con la Pepsi Max es algo así como el programa máximo de Convergència i Unió, traducido por Josep Piqué. Si creen que exagero, imagínense esa letra cantada por Raimon o por Lluis Llach. Pero la que suena es ésta. Y suena, y demasiado.