RUBEN AMON
Corresponsal
ROMA.- Los andamios han convertido la basílica de San Pedro en un escenario minimalista irreconocible, pero los millares de personas congregadas en la plaza vaticana apenas distraen la mirada de aquella ventana que hace 20 años se abrió de par en par para anunciar el papado de Juan Pablo II.
¿Saldrá o no saldra? La duda se despeja a las 18.44 horas de la tarde, es decir, exactamente la misma hora que el 16 de octubre de 1978 precipitó la fumata blanca y dio lugar a la proclamación sucesoria del «habemus papam».
Esta vez, Karol Wojtila comparece ante la multitud con un gesto contenido, imperturbable, apenas conmovido por la clamorosa ovación de la gente y por la sorpresa que le han preparado el Canal 5 de televisión y la emisora vaticana Telepace: la pantalla gigante ubicada en San Pedro permite contemplar, en directo, la imagen de la catedral de Cracovia, cuyas campanas martillean una y otra vez para señalar el feliz aniversario.
Karol Wojtila se aproxima, entonces, al micrófono. El gesto de la bendición precede a un breve discurso: «Debo agradecer a la divina providencia haberme permitido estar aquí en un momento como este para recordar una fecha tan importante para la vida de la Iglesia universal y para mi vida misma. Gracias por compartir conmigo esta alegría», señala Juan Pablo II con un acento monótono y cansado.
La intervención del Papa apenas transcurrió en un par de minutos, quizá porque el pontífice ya se había empleado a fondo en la misa matinal que dedicó a los compatriotas polacos. De hecho, la extensa homilía de Juan Pablo II no sólo constituyó un singular balance del papado, sino que además le permitió afirmar «que aún queda un largo camino por recorrer».
Peticiones a los fieles
«Os pido que me ayudéis a corregirme cuando me equivoco (...) Os pido que recéis por mí para que pueda cumplir hasta el final la obra que Dios me ha encomendado». O sea, más o menos como sucedió el 17 de mayo de 1995, cuando celebró el 75 cumpleaños.
«Antes que nada, renuevo ante Cristo la oferta de mi disponibilidad para servir a la Iglesia cuanto tiempo haga falta, abandonándome completamente a su santa voluntad. Le dejo a El la decisión de relevarme de este servicio», indicó Juan Pablo II.
En contraste con el tono grave de semejante testimonio, Karol Wojtila introdujo alguna que otra broma y anécdota. Por ejemplo, aquella que sucedió en el cónclave de 1978: «Recuerdo que me crucé en los pasillos con el primado polaco Stefan Wyszynski, y que me dijo: "Si te eligen, te ruego que no lo rechaces"».
El Papa recordó también el momento en el que aceptó el cargo de Sumo Pontífice: «Nunca olvidaré las palabras de la ceremonia de la Capilla Sixtina: "En la obediencia de la fe ante Cristo, ¿acepta?". Y yo respondí: "Abandonándome a la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de la gran dificultad, acepto"».
15.000 polacos en San Pedro durante la misa matinal
Juan Pablo II se concedió un margen nostálgaico y sentimental en los acontecimientos que festejaban ayer el 20 aniversario del papado: 15.000 compatriotas le acompañaron en la plaza de San Pedro para concelebrar una misa oficiada en polaco y distinguida con la participación del propio presidente de la República, Aleksandr Kwasniewski.
Karol Wojtila recordó los primeros años del papado, hizo una alusión directa a la «anécdota del atentado» y se alegró de compartir la esperanza de una nueva democracia.
«Debo deciros que vuestras tragedias son mi tragedia, y que vuestras alegrías son mi alegría», señaló el sumo pontífice en el transcurso de la ceremonia. «Conservo profundamente en el corazón todo cuanto ha pasado en mi páis. Me hace sufrir todo aquello que le amenaza, que le deña, pero también soy feliz cuando prospera», añadió Juan Pablo II al filo del mediodía frente a la basílica de San Pedro.
Juan Pablo II, nacido en la población polaca de Wadowice, cerca de Cracovia, vivió en carne propia los horrores de la invasión de Polonia en la Segunda Guerra Mundial.