Sábado, 17 de octubre de 1998 EL MUNDO periodico

LOS PLACERES Y LOS DIAS
FRANCISCO UMBRAL

El invento


La cosa empezó cuando una revista me propuso hacer experiencias con viagra -tomar el invento, o sea-, y luego darle su uso científico compartido. El tema salió bien y la experiencia fue fecunda para mí, no sólo físicamente sino intelectualmente. Sentí la necesidad de escribir un libro, Historias de amor y viagra, libro que pronto saldrá a la calle y que, sin renunciar a la acción y la narración, tiene como motivo y fundamento los efectos psicosociológicos de la píldora masculina.

Aquí Miguel Angel Mellado, director de La Revista de EL MUNDO, da esta semana la prepublicación de un capítulo de mi libro, y para ilustrarlo me ha hecho pasar por la cámara fotográfica en una fácil alegoría donde el desnudo puede que signifique libertad y la máquina de escribir, en mi caso, puede que signifique fertilidad, dos atributos de viagra o Viagra, que ahora el invento tiene Nobel, un respeto. En periodismo ha hecho uno ya de todo, menos de cover girl. Es lo que me faltaba y ya está. Manos pudendas me han dejado aséptico como los desnudos de Virginia Mayo en los cuarenta, mejorando lo presente, pero mejorándolo mucho.

Lo cual que ahí está la revista, en los quioscos, en el sol del fin de semana, y yo daría cualquier cosa por ver a un colegui encuerado, para reírme. Espero que los coleguis lo harán conmigo. Lo que pasa es que la línea contraria, la línea dandy, la deseché enseguida porque ya la ha explotado mucho el amuebladísimo Tom Wolfe con su nuevo periodismo y sus chalecos. Prefiero ser un desnudo paupérrimo a ser el modelo talla altos de Maxcali.

En cuanto a Viagra, lo que más le irrita a uno es la reacción española y cazurra, ignorante a la manera que denunció Machado: «desprecia cuanto ignora». Y encima hay aquí extranjeros que reaccionan lo mismo:

- Donde esté una buena tía...

- Eso son fuegos de artificio.

- ¿Y cuánto dura el tratamiento?

Viagra, que, como acabamos de recordar, ha ganado este año el premio Nobel de Medicina, no es un crecepelo. Y tampoco el Nobel premia fuegos de artificio, salvo en literatura, donde el fuego de artificio es precisamente la literatura a lo sublime. Es igual. Aquí no se inventa nada, porque ya nos dio licencia Unamuno para que inventen ellos. Don Miguel inventó un tipo de poesía donde se rima «Salamanca» con «palanca», que manda huevos, como diría Trillo, con quien voy a almorzar un día de éstos. Aquí no se inventa nada, pero se desprecia u objeta lo que inventan los demás. España sigue creyendo más en el jamón que en la penicilina, para salvar tísicos. Y claro, luego viene Pujol y dice que España no existe. La píldora masculina es una revolución como lo fue la femenina, por sus consecuencias morales, sociales y de costumbres. Y luego vendrá la aplicación de Viagra a la mujer y, mayormente, las aplicaciones cardiológicas, donde el sildenafil va a ser algo así como un by/pass en pastilla.

Supongo que mi injustificada aparición en La Revista se beneficiará del mismo desprecio que Viagra, porque aquí llevamos un siglo de retraso en todo y nuestro sublime anacronismo es lo que da los nacionalismos, el violador del Ensanche y el bigote de Aznar.